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NotaPublicado: Mié Ago 08, 2007 1:41 am 
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Universidad: UBA
Estimados profesores, docentes, graduados, estudiantes y trabajadores no docentes:

Las Jornadas “50 años de Políticas en Salud Mental. Homenaje al Dr. Mauricio Goldenberg” quedaron inauguradas con las palabras del Señor Rector de la Universidad, Dr. Rubén Hallú cuyo discurso es el siguiente:

Desde antes de la creación de la carrera de Psicología en la UBA, que había sido precedida poco antes por la apertura en Rosario, siguiendo luego Córdoba en la misma década, la profesión del psicólogo recorrió un largo y sinuoso camino atravesado por contradicciones, menoscabos, persecuciones y, desde luego, también por momentos brillantes de creación original que llamaron la atención de los centros académicos de todo el mundo.

La psicología es simbolizada por la letra griega Psi, la que originalmente tenía el significado de una mariposa, tal como la figura de la letra lo deja ver. Pero luego se la interpretó como aliento, ánimo, “alma” de ahí “ciencia del alma”. La mitología griega representaba a la menor de las tres hijas de un rey de Asia, Psiquis o Psique, como una adolescente con alas de mariposa, malcriada, de carácter insufrible y de gustos muy volubles.

Es cierto que ninguna disciplina es inmune a la inestabilidad política o al oscurantismo, ya que no hay conocimiento que pueda reputarse neutro, en el caso especial de esta “ciencia del alma” se dieron, a lo largo de estos cincuenta años, las experiencias más dispares, a veces con secuelas de dolor agudo.

Pensemos, por ejemplo, que en la rama de la psicología orientada a la atención de salud, los psicólogos fueron reconocidos tempranamente por algunos de sus colegas médicos más audaces y brillantes, mientras que las políticas oficiales y el régimen de incumbencias los relegaban al rol de simples auxiliares.

El reconocimiento, en el plano nacional, de las incumbencias terapéuticas del psicólogo clínico recién llegó con la vuelta de la democracia, a mediados de los 80. Pero, curiosamente, desde fines de los 60 ya funcionaban las residencias de psicología clínica en muchos de los grandes hospitales psiquiátricos públicos, donde se multiplicaban experiencias innovadoras de puertas abiertas, o los talleres protegidos, los hospitales de día, espacios en los que médicos y psicólogos trabajaban, aprendían e investigaban juntos. Dijeran lo que dijeran las normas burocráticas, los psicólogos hacían guardias y estaban preparados para atender grandes urgencias o crisis de pacientes crónicos graves.

Una de esas experiencias emblemáticas fue la del servicio de psiquiatría del Policlínico de Lanús, dirigido desde 1957 por el doctor Mauricio Goldemberg, precursor en el campo de la salud mental de los más desposeídos, y precursor también, vale destacarlo, en el exilio forzado que lo llevó a residir en Venezuela. El maestro Goldemberg estuvo entre los primeros que abrió a los psicólogos las puertas del equipo de salud mental.

Veinte años después, cuando la noche de plomo se abatió sobre todos nosotros, los psicólogos aportaron algunos de sus nombres a las listas de desaparecidos y asesinados por la dictadura. Entre ellos destaco, quizás como representación de los otros, a la licenciada Beatriz Perossio, quien a la fecha de su secuestro ejercía la presidencia de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.

Pero esta historia se remonta aún más atrás, cuando el psicoanálisis ingresó con fuerza al pensamiento argentino, de la mano de médicos como Garma, Pichón Riviere y Marie Langer, médicos que aceptaron sin reservas a los psicólogos entre sus discípulos y colegas.

Paralelamente a esta lucha pesarosa y desigual de la psicología clínica por abrirse paso en la oscuridad, en especial esa oscuridad que devino de la noche de los bastones largos de 1966, otras ramas de la psicología fueron adquiriendo también su mayoría de edad.

El cambio organizacional y la flexibilización de las instituciones, asuntos que son hoy de interés estratégico en la fluida realidad económica, social y política del siglo XXI, tienen en los psicólogos y las psicólogas una fuente irreemplazable de profesionalismo experto.

Las relaciones del trabajo, la detección temprana de actitudes y destrezas laborales, la optimización del desempeño, requieren también del rol insustituible de psicólogas y psicólogos.

Los vemos también especialmente preparados para el manejo de atención a las víctimas de catástrofes, incluyendo a la peor, la más insensata y la más vergonzosa de las catástrofes, que es la guerra.

Que esta carrera cumpla sus primeros 50 años en el entorno de una Facultad señera de la UBA, con un prestigio propio que excede las fronteras, con sus cuatro carreras plenamente consolidadas – sumando el Profesorado, la Musicoterapia y la Terapia Ocupacional –, sus numerosos posgrados que recorren desde la psicología forense hasta la gestión pública de la salud mental, su media docena de Maestrías, es un orgullo para todos, y lo es para mí personalmente como rector.

El diálogo transdisciplinario dejó ya de ser una opción y pasó a ser una exigencia ineludible.

Quienes provenimos de disciplinas quizás algo más estructuradas y, por eso, proclives a considerarse autosuficientes, debemos a pedirles a las psicólogas y los psicólogos, que nos ayuden a hilvanar para siempre este camino integrador de las ciencias. A la vez, les auguro el mayor éxito en las jornadas de investigación que se inician en esta casa dentro de una semana, a las que fui invitado pero lamentablemente no podré asistir, pues no estaré en Buenos Aires, pero tengan la certeza que en forma no corporal estaré con ustedes.

Sr. Rector de la Universidad de Buenos Aires Dr. Rubén Hallú



Cordialmente, Sara Slapak

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Traducción al español por Huan Manwë